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Cuento | Entre lobos y dinosaurios, las texturas del tiempo

Por Enrique Santoyo Velasco y Leonardo Santoyo Alonso

“Al parecer, se requiere un chorrito
de autismo para el éxito en la ciencia o en el arte»

Hans Asperger

«Estegosaurio, tyranosaurio rex, lobo (cannis lupus)», fueron las primeras palabras de mi guía al caminar por los senderos del museo, mientras explicaba sus características y su existencia en la tierra. Unos se extinguieron, el otro aún no. Son o fueron seres que a primera vista obsesionan a mi instructor, que con soltura y sabiduría los comprende, admira y disfruta. Unos son muy antiguos, el otro más reciente y tangible, de extraños y ajenos comportamientos, pero al mismo tiempo tan familiares y cercanos.

En el mundo de la biología y la paleontología existe una delgada línea de conexión que solo los más versados en el tema pueden comprender. ¿Cómo es posible conectar especies separadas por millones de años de evolución y hacerlas coincidir en el espacio tiempo?, ¿es posible esta magia? A la primera pregunta mi guía respondió: «es fácil, ahora los puedes ver, están ahí, entre la vida y la muerte». Es decir, unos ya se fueron y otros siguen ahí. Ahora bien, el acto de magia es una aporía, porque como lo apuntaba San Agustín de Hipona, el pasado ya no es, el futuro no es todavía, solo existe el presente. ¿Cómo resolver algo que parece contradictorio y sin solución?

Para mi obstinado guía no hay conflicto, lo que ve es lo que existe, porque el presente es lo que puedo conocer. Es preciso anotar que este mentor, de mirada juguetona e interminable conversación que parece nunca encontrar un espacio para respirar, es una persona poco común, si así puede llamarse.

Este amante de los lobos es capaz de escuchar sonidos próximos a los que aquellos cánidos pueden apreciar, no le gusta el jitomate, pero sabe cantar, que es lo más cercano a aullar para un humano. Es de humor volátil, un día es el amante más ferviente y al otro se convierte en las nieves del norte, implacables de cruzar; pero como esos hielos perennes su amor, lealtad, entrega y coraje son inamovibles. Para él la lealtad y pertenecia a la manada son su motor y fundamento, nada puede enfurecerlo más que alguien que lastima a uno de sus miembros.

Es nuestro guía un pensador reflexivo. «¿Qué pasaría si no existieran los insectos?», me pregunta y, al mismo tiempo en un desborde de inocencia, confunde una chimenea de humos blancos con fábricas de nubes. Surgen en mí sensaciones tan similares como ver al lobo dominando el valle, contemplando la grandeza que puede poseer. De pronto se convierte en un cachorro juguetón y tierno.

Este interlocutor ávido de explicaciones y anécdotas es un buen amigo, desarrollamos un vínculo muy cercano hace casi ocho años, desde entonces he aprendido a ver el mundo desde otra perspectiva, a través de sus ojos, de sus ideas y sus sueños. También he experimentado que como todo ser brillante puede tener un lado obscuro, pero no daña a nadie, ya que, como una supernova, desprende magia, pero el daño que pudiera provocar se encuentra a años de luz de su corazón. En él reina la nobleza de un lobo alfa, capaz de entregar la vida por su clan.

Por eso sus características personales provocan en otros esa misma impresión que, de manera errónea, nos han inculcado de los lobos: el salvaje, sanguinario, brutal y despiadado asesino. Son adjetivos tan fuera de la realidad como pensar que la luna es de queso. Los lobos son seres de equilibrio y vida, regulan los ciclos de los ecosistemas y sin embargo siguen siendo tan incomprendidos, despreciados, marginados y perseguidos. Lo obvio no es siempre la verdad.

El guía con el que he caminado es un asperger, ¿sabes lo que eso significa? Bueno, de forma breve te platicamos que esta condición es una variante del espectro autista y, por consiguiente, quien vive con ella es una persona que ve el mundo de otra forma. Normalmente te maravilla, aunque debes comprender que a pesar de que no vislumbra las sutilezas sociales, no participa de las dobles intenciones o de los sentimientos peligrosos que dañan tanto en esa vida “normal”. 

Por supuesto, esto también implica entender el difícil proceso de convivencia con una persona que no sabe cómo expresar sus emociones de manera “común” o, en nuestro imaginario educativo, “adecuada”. Tratar de entablar una relación con un lobo que vive en la naturaleza de ninguna forma será sencillo. Al principio, habrá muchas mordidas, incluso fuertes ataques, pero en este caso no serán letales. Esto me hace recordar las películas que he visto donde aparecen lobos, en ellas siempre el cánido es tímido y esquivo, pero insistente y leal. Puedes intuir con facilidad que será por siempre la mayor y mejor compañía de tu vida.

Mi guía se detiene.

–Estoy cansado –me dice–, hace calor.

–¿Quieres una bebida? –le pregunto.

–Sí, un helado.

–Pero eso no es algo que te pueda quitar la sed.

–No importa, me da energía. ¿Puedes imaginar? Los lobos pasan días sin tomar agua, pero, ¿sabes, papá? Hoy quiero tomar una limonada de esas que nos gustan a los dos. Hoy como siempre, nunca te abandonaré, te voy a querer hasta la muerte y cuando mueras me convertiré en lobo y aullaré por ti.

 

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