El cuento en cuarentena

El cuento en cuarentena | Alienación

Por Atz Bravo

Desde su adolescencia, Lourdes había tenido episodios de fuertes dolores de cabeza varias veces al día, mismos que apenas duraban un minuto. Nunca se lo mencionó a nadie, ni mucho menos acudió a algún doctor, siempre creyó que eran producto del estrés escolar sin darle importancia. Pasaron los años y emprendió un negocio de estética canina, ella era la dueña y empleada. Atendía a los perros, los amaba, y despreciaba a quienes se atrevían a lastimarlos.

Todos los días atendía a sus clientes haciéndose de fama, pues ellos siempre reconocieron el buen trato a sus mascotas por parte de la estilista. Todo parecía perfecto en su vida: tenía un negocio propio, una economía estable y lo mejor, los dolores de cabeza habían desaparecido casi por completo. Su vida era perfecta. ¡Amaba lo que hacía! ¿Qué más podía pedir? Fueron 2 años de prosperidad empresarial sin pormenores.

Eran épocas de lluvia y a Lourdes le había bajado un poco el ánimo, puesto que los dolores de cabeza habían regresado e incluso se habían intensificado. Estaba de mal humor, enojada, irritable… aun así, atendía a sus clientes y trataba de poner su mejor cara.

Cierto día se despertó mareada, se sentía enferma, la migraña seguía. En un intento desesperado por evadir el dolor, se tomó un par de aspirinas, acto seguido se fue a trabajar. Recibió a Peluchín —un poodle de edad avanzada— para el servicio de baño. Inmediatamente lo puso en la tina y comenzó con lo habitual: un poco de shampoo por aquí, un poco de shampoo por allá. De repente, Peluchín con voz de abuelito le dijo: 

¡Estoy cansado de María, me pone esos estúpidos disfraces de unicornio! ¡Estoy harto! ¡Por favor, buena mujer, acaba con mi sufrimiento! ¡Mátame!

Lourdes sorprendida y sin poder creerlo, trató de ignorar las súplicas del perro, pero Peluchín no paraba de suplicar:

¡Mátame! ¡Mátame! ¡Mátame! ¡Mátame!

No puedo hacerlo, sería incapaz de lastimar a un perrito dijo mientras sus manos cubrían su cara. ¿Por qué no le dices a María lo que te molesta? 

Se lo he dicho desde hace poco más de 10 años, mi vida está por acabarse y ella jamás me escucha dijo el can sollozando.

Se lo puedo decir yo.

¡Te tomará por una loca! ¡Mejor mátame! ¡Mátame! ¡Mátame! dijo desesperado aquel perro.

YA TE DIJE QUE NO PUEDO HACERLO.

¡Si no puedes matarme, mátala a ella! ⎯le ordenó Peluchín. ¡Mátala! ¡Mátala ¡Mátala! ¡Mátala! 

¡Está bien, lo haré! PERO YA CÁLLATE DE UNA BUENA VEZ.

Dieron las 3:20 y  María entró por aquella puerta sin imaginar lo que le esperaría. Con una sonrisa nerviosa la estilista la recibió. 

¡Peluchín, ya vine por ti, bebé! ⎯exclamó María⎯. ¡Te extrañé mu…! 

María no terminó de decirle a Peluchín cuánto lo había extrañado cuando Danna le clavó las tijeras rectas recién afiladas justo en el pecho. Con 23 puñaladas acabó el cuerpo de la víctima en el piso de aquel lugar.

¡Woooow, ni yo podría haberlo hecho mejor! ⎯dijo Peluchín mientras se reía sarcásticamente.

¿Y ahora qué haremos? ⎯preguntó Danna.

¿Haremos? ¡Tú la mataste!

¡Pero tú me lo pediste! Como haya sido, hay que solucionar esto.

Peluchín observaba detenidamente el lugar contemplando la escena del crimen. Danna llevó el pesado cuerpo de María hacia la tina en la cual bañaba a los perros, y como si se tratase de una asesina experimentada, comenzó a desmembrar el cuerpo. Pedazo a pedazo fue metiéndolos en bolsas Ziploc  y cual colección de carritos, fue acomodándolas dentro de un refrigerador que tenía a su servicio. Bastaron 5 horas para dejar todo en perfectas condiciones, nadie se daría cuenta de lo que horas antes había sucedido.

Danna despertó pensando que había sido un mal sueño. Hizo lo de costumbre, fue a trabajar y al abrir la estética se encontró con el perro. 

¡Tengo hambre! ⎯dijo el can.

Shhhh, por favor, no hables tan fuerte, me duele la cabeza respondió la estilista, al instante en el que entraba un cliente con su mascota.

¡Buenos días! Traje a Lucas para servicio de baño dijo Sofía un poco apresurada.

¡Claro que sí! Podrá pasar por él dentro de 2 horas.

Sin más, la estilista condujo a Lucas un Rottweiler de 3 años— a la tina; un poco de shampoo por acá un poco de shampoo por allá y…

¡Mueeeeeeero de hambre! ⎯dijo de manera inesperada Lucas.

Cuando vengan por ti, comerás le contestó Danna.

¡Por favor, no me dejes regresar con ella! Me alimenta con puro pasto, quiere convertirme en una vaca. ¡Ella y su estúpida idea de ser vegana! ¡Por favor!, te lo suplico, llévame contigo: prometo portarme bien con el perro cara de culo que está atrás de ti suplicaba Lucas.

¿A quién le dices cara de culo?, solo espera a que terminen contigo y verás la paliza que te voy a dar gritó Peluchín. 

¡Basta! ⎯gritó la estilista.

Se hizo un silencio incómodo, nadie dijo nada.

Psss, psss, psss, ¿podrías disculparme? Esta dieta me tiene mal. ¡Mataría por un trozo de carne! ⎯dijo Lucas a Peluchín, mientras se saboreaba un bistec imaginario.

No tengo comida, disculpa contestó Danna.

Yo digo que mientes arremetió Peluchín.

¡Por favor! ¡Muero de hambre! Estoy en los huesos, me ruge la panza, veo luces… ¿Eres tú, Dios? ¿Acaso ha llegado la hora de partir de este mundo cruel?  ⎯dijo en tono dramático Lucas.

¿Por qué no le das la suave carne de María?

¿Te has vuelto loco? ⎯respondió Danna.

Mira quién habla de locuras dijo en tono irónico Peluchín.

¿Crees que…?

¿Crees, crees, crees? Yo no creo que le importe a María, ¡ya está muerta! ⎯dijo Peluchín.

Danna se dirigió al refrigerador y sin pensarlo mucho tomó una de las bolsas que estaban apiladas con los restos de María. Sacó un trozo grande de carne e inmediatamente se lo dio a Lucas. Ñam, ñam, ñam, bastaron 3 mordidas para que fuera devorado plácidamente aquel trozo tieso de carne.

¡Más, más por favor! ⎯suplicó Lucas.

Danna repitió la operación y le extendió el segundo trozo.

¡Traga, maldito muerto de hambre! ⎯le gritó Peluchín. 

¡Cállate, cara de culo! ⎯le respondió Lucas mientras devoraba apetitosamente.

Transcurrieron 2 horas y Sofía estaba por cruzar aquella puerta en busca de Lucas, su perro.

¿Ya está listo mi chiquistrikis? ⎯preguntó Sofía con voz de ardillita.

¡Sí, claro! Ya está listo. Está un poco nervioso. ¿Podría ayudarme a sacarlo de su jaula, por favor? ⎯preguntó la estilista.

¡Claro! 

Ambas se dirigieron al área de jaulas en donde se encontraba Lucas, su chiquistrikis.

¡Chikistriquis! ¿Qué estás comie…? —No terminó la frase Sofía, cuando Danna enredó en su cuello una correa para perro mientras le gritaba que los perros no eran veganos. 6 minutos después Sofía dejó de respirar.

¡Chikistriquis! Ja, ja, ja rio Peluchín. 

Al menos no tengo la cara de culo dijo resignado Lucas mientras contemplaba el cuerpo de Sofía.

¡Caramba! Vas perfeccionando la técnica. ¡Bravo! Me arrodillo ante usted majestad dijo Lucas mientras hacía una reverencia.

Un grrrr grrr ñam ñam grr ñam ñam ñan grrrrrr interrumpió la reverencia de Peluchín.

¡Pero qué demonios! ¡Si es el Chikistriquis muerto de hambre! ⎯dijo Peluchín. 

¡Lucaaaaaaaas! ⎯gritó Danna mientras lo observaba sacar a María del refrigerador, o al menos lo que sobraba de ella para devorarla.

¡Chinga tú madre, cara de culo! ⎯dijo Lucas aún con el hocico lleno de sangre.

¿Qué dijiste, maldito pulgoso? ⎯preguntó Peluchín enojado.

¡Lo que oíste, sarnoso! ⎯arremetió Lucas mientras estaba por tirarle una mordida a Peluchín. El tttssss tssss tssss de la radio hizo que ambos olvidaran sus rencillas y pusieran atención.

¡Muy buenas tardes tengan todos ustedes!, mi nombre es Valentín Franco y están sintonizando Radio Cultural Ayuntamiento Tsssss tssss tsssss tssss  tssss tsss. Interrumpimos este programa para dar un boletín de emergencia: A toda la comunidad benitojuarense se le pide su especial colaboración para dar con el paradero de María Lizbeth García Soto de 35 años, de piel morena clara, ojos café oscuro, cabello corto color negro, 1.58 de estatura. Iba acompañada de un perro raza poodle que responde al nombre Peluchín. Si alguien sabe algo o la ha visto, por favor comuníquense con nosotros a los teléfonos… tssss tsss tsss. Plop, la estilista apagó inmediatamente la radio.

¡Tranquila! Ya ni la van a encontrar, ahora está en la panza de Chikistriquis. 

¡Sí, cara de culo! Y a ti sí te van a encontrar a menos de que quieras también estar en mi panza, aún hay espacio.

¡Paren ya de una buena vez! ¿Y ahora qué voy a hacer? Tengo que solucionar esto, ¿pero cómo? 

Habían transcurrido 3 horas desde que Sofía respirara por última vez. Una pequeña niña no mayor de 8 años entró a la estética de la muerte, llorando y confundida preguntó si no había visto a su mamá y a su perro Lucas.

¿Tu mamá y su perro? ¡Pero claro! Ven, te están esperando, sígueme le dijo Danna y la llevo al área de las jaulas, en donde yacía el cuerpo de su joven madre en el piso aún con la correa alrededor de su cuello.

¡Mamiiiiiii! ⎯gritó la pequeña niña aterrada. Danna la cargó y la llevó a la tina aún llena, la sumergió mientras le gritaba que dejara de llorar, estaba harta del ruido, aún le dolía la cabeza.

¡Cállate, niña! ¿Querías ver a tu mamá? ¡Pues ahora te vas a reunir con ella! ⎯le vociferaba la estilista mientras la sumergía hasta el fondo de la tina.

Aaah, glu, glu, glu fueron los últimos sonidos que emitió la niña antes de que su victimaria la silenciara para siempre.

¿No sabía que bañabas a los humanos también? Guácala, parece que tiene garrapatas, ¡qué asco! Tállala bien, no me las vaya a pegar dijo Peluchín.

¡Si serás estúpido, son pulgas, cara de culo!

¡Son lunares, maldita sea! ⎯gritó la estilista.

Pues yo digo que son garrapatas! ⎯dijo Peluchín.

¡Son pulgas!

Shhhhh, ¡con un demonio! ¡Cállense yaaaaa! —dijo Danna mientras se acostaba en el piso, cerca del cuerpo de Sofía. ¿Qué hago? ¿Por qué? ¿Qué me pasa? ¿Será un sueño? ⎯se preguntaba.

Se levantó y cerró con llave la estética, acto seguido comenzó a tirar lo que parecía ser agua por todos los rincones: en el área de las jaulas, cerca de la tina…

¿Pero qué hace? ⎯preguntó Peluchín a Lucas en tono bajo para que Danna no lo escuchara.

Parece que ahora va a bañar todo el lugar. 

Danna seguía esparciendo el líquido por todos lados. Wiuuu wiuuu wiiiuuuu, se escuchaba la torreta de la policía estacionarse a las afueras de la estética.

¡Malditos, no me tendrán! ¡Yo solo quería ayudar a los perros! ¡Sus dueños los maltrataban! ⎯gritaba Danna furiosa aún con el intenso dolor de cabeza.

¿Nos has salvado? ¡Has matado a mi mejor amiga! ⎯le reclamó Peluchín.

¡Tú me lo pediste! 

¿Yooooo? ¡Eres una loca asesina!

¡Loca! ¡Asesina de humanos! ¿Ahora quién me dará de comer? ⎯increpó Lucas.

¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! ⎯decían los perros a la estilista. De repente una pequeña cabeza salió de la tina, era la niña.

¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! —El cuerpo de Sofía comenzó a moverse como si aún tuviera vida. ¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! ⎯decía Sofía mientras trataba de quitarse la correa del cuello. Parecía que todos estaban locos, Danna no podía creer lo que estaba pasando. ¡Mátate! ¡Mátate! ¡Mátate! ⎯gritaban desde la panza de Lucas. Se escuchó el ttttsssss de un cerillo prenderse, en 10 minutos todo era fuego. ¿Era el infierno?, ¿era el cielo?

Los bomberos acabaron con el fuego. Fue noticia nacional. Después 15 días, los servicios periciales dictaminaron lo siguiente:

«Se reportó un incendio de gran capacidad originado de manera intencional en un local comercial de nombre Barbería Canina. El incendio provocó pérdida total del bien inmueble. Entre los escombros se encontraron 3 cuerpos humanos y 2 canes, uno de ellos corresponde a Sofía Elizabeth Trejo Gutiérrez de 25 años, el segundo cuerpo corresponde a una menor de nombre Esmeralda Campos Gutiérrez de 8 años de edad, el tercer cuerpo pertenece a Danna López Velasco de 30 años de edad, quien era propietaria del lugar. Los estudios determinan la existencia de un cuarto cuerpo del cual solo se encontró parte de la cavidad torácica y parte del cráneo, pertenece a María Lizbeth García Soto de 35 años reportada desaparecida. Con ayuda de los padres de la propietaria se logró determinar que la ahora occisa Danna López Velasco, presentaba un cuadro crónico de esquizofrenia paranoide, el examen médico realizado cuando la occisa contaba con 5 años así lo determina.

A Danna le ocultaron el padecimiento, ya que sus padres querían que llevara una vida normal, sin medicamentos. Nunca se imaginaron que la esquizofrenia sin tratamiento la orillaría a asesinar.

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