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El cuento en cuarentena | Gatos

Por Víctor Hugo García Camacho

I

¿Alguna vez escuchaste la teoría de que las personas están unidas por hilos invisibles?, ¿que el amor de tu vida está atado a ti? Claro, ese hilo se estira, afloja y enreda convenientemente. Atraviesa océanos, montañas e inconmensurables distancias, cada uno está atado del dedo corazón, a la posible persona que sea su alma gemela. Aunque, de igual manera, ¿sabías que hay alguien que puede amarrarlos, modificarlos o romperlos? Claro, eso a veces les cuesta una vida de las tantas que tienen. Pero ellos no tambalean en hacerlo.

Corren, brincan y juegan sobre los techos cada noche con sus patas esponjosas y orejas peludas, increíblemente duermen demasiado en los días soleados.  En lo particular me encanta el sonido que emana de ellos, un sonido como si del motor de un auto se tratase y que a los humanos maravilla. Ellos los abrazan demasiadas veces y creo que si yo tuviera el sentido del tacto, igual disfrutaría de acariciarlos.

Pero no estamos aquí para hablar de mí, sino de una pequeña bola de pelos, la cual tuve la maravillosa experiencia de conocer. ¿Su nombre? Louie. Recuerdo cuando lo conocí. Desafortunadamente me tuve que llevar a su madre, pero aun así él me recibió con una singular sonrisa, me miró y se acercó.

—¿No me tienes miedo? —le pregunté un poco sorprendido.

—¿Debería tenerlo? —respondió mirándome—. Veo que solo haces tu trabajo. 

Me incliné para dirigirme a él de frente.

—Sí, se podría decir que es un trabajo, no muy grato pero entretenido —le dije.

—Pero viajas alrededor del mundo, has conocido muchos lugares, eso es muy afortunado de tu parte. En cambio yo solo seré una mascota, talvez de una niña malcriada o una persona solitaria que nunca me dejará salir —alegó con una pequeña rabia. Su pequeño berrinche me recordaba a niño un que le llora a sus padres por una golosina.

Doblé mis rodillas para estar más cerca de él.

—¿Quisieras trabajar para mí? —le pregunté, mientras extendía mi mano hacia él.

Me miró y sus pupilas se dilataron hasta expresar una felicidad que solo he visto reflejada cuando las almas llegan al purgatorio. Corrió rápidamente sobre mi mano y trepó por mi brazo hasta alcanzar mi hombro. Me levanté y dimos media vuelta, mientras el ronroneo de su madre se hacía escuchar a lo lejos en el cielo.

II

Ahora, a pocos días de que llegue mi retiro, tengo que redactar esto y creo que me va a costar un poco de trabajo explicar todo de mi mejor empleado, porque como sabrás cada cien años el puesto debe cederse. No te preocupes, de igual manera no sé qué me espera. Ojalá no sea volver a vivir, ya que me gusta saber el nombre real de mis trabajadores. Tampoco me agrada tanto la vida, es aburrida, solo te brinda sorpresas mundanas, pero al final todo es vacío y sin propósito.

Es curioso, los humanos le ponen nombre a cada cosa que ven, creo que es porque ellos mismos no saben quiénes son: pero ellos sí lo saben. Por eso al llegar a cierta edad un día solo se te presentan. —Soy Louie y me encanta serlo. —Él lo sabía un día, no necesitó buscarlo en alguna revista o por recomendación de alguien y eso en cierta medida es hermoso. A veces yo dudo de quién fui y qué soy ahora, pero la mayoría del tiempo me siento satisfecho. Creo que si tuviera corazón latiría más ahora que cuando estuve vivo.

Otra cosa que creo que deberías saber es que nunca debes juzgarlos. Ellos tendrán sus motivos para amarrar y romper los hilos. Yo no llegué a enterarme de muchas situaciones, pero sí vi a varios dar sus vidas por las personas que alguna vez los alimentaron o simplemente los acariciaron sin ninguna malicia. En lo particular solo observo cómo van y vienen con sus carretes de hilo colgando de sus cuellos, se podría decir que era un tipo especial de… ¿collar? No recuerdo muy bien el nombre de ese tipo de artículos, pero procura que nunca les falte hilo, eso podría ser un desastre para todos.

Hay una regla más antes de continuar: cuando estés a punto de retirarte, debes de escribir sobre tu mejor empleado, aquella alma que veas dejar su corazón en cada hilo, aquel que no titubea en hacer siempre lo mejor para los demás. Y, claro, si notas alguna mancha de tinta en forma de huella en los reportes, no te preocupes, la curiosidad es su don, por eso incluso ellos mismos lo dicen: “morimos de curiosidad”.

III

Pero cómo no van a morir de curiosidad si bien lo retrató el escritor belga, Sternberg, y cito: «En el comienzo, Dios creó al gato a su imagen y semejanza. Y, desde luego, pensó que eso estaba bien».

Él fue el único humano que se acercó más a la visión de lo que ellos son. Por ese motivo cuando todos en el taller se enteraron de ese relato fueron por una copia. Aunque, seamos sinceros, datos menos, datos más, es el único que se ha acercado tanto a saber de ellos sin siquiera hablarles directamente. Por ello guardamos una copia en el tercer cajón. 

Creerás que todo esto es una broma pero te lo digo yo, confía en ellos y ellos confiarán en ti. Si te preguntas si Dios existe, o qué tanto tiene de realidad lo que te diga yo o lo que leas, hay algo sobre lo que no tengo duda ni tendré. Les encanta la música. Pon jazz y blues si quieres que trabajen con tiempo y tranquilamente, los verás bailar y mover sus colas al ritmo de la música, pero creo que me estoy desviando del tema principal, así que con tu permiso y con el afán de no dejarte con más dudas, continuo.

IV

Louie siempre fue muy travieso al llegar, le gustaba correr y correr entre los pasillos y recámaras. Pero su lugar favorito siempre fue el taller, ese lugar especial a donde tendrás que llegar y echar a andar diario. Metros y metros de hilo se irán enredando en cientos de carretes que ellos mismos dejan al final del dia en el hilar. Puedo decirte que mi pequeño más de una vez se quedo enredado entre su carrete. Era divertido ver cómo su instinto lo hacia jugar con él, para ellos es normal distraerse con ese tipo de cosas. Pero fue tan frecuente que lo tuvimos que mover un tiempo mientras crecía, se lo encargamos a Max.

Max es el unico diferente a ellos. Claro, tiene una cola, cuatro patas, dos ojos, un hocico, pero él es mas grande y su pelo color dorado es largo. Un día solo llegó rasguñando la puerta y al abrirla, noté que era muy diferente a todos. Él se había perdido cuando sus antiguos dueños, al sufrir una etapa económica dificil, lo abandonaron mientras jugaban en un bosque no muy lejano. Las personas a veces son muy frágiles ante tales eventualidades, una simple crisis monetaria o alguna pequeña enfermedad que se esparce a través de sus tierras es suficiente para dañar a seres que jamás sentirán rencor u odio. 

Él no es la excepción. Llegó con la ligera esperanza de encontrar un lugar para dormir, así que lo recibí. Sabía que no sería un buen empleado porque no puede escalar grandes alturas ni mucho menos ser sigiloso, pero su buen corazón me enseñó que podía enseñarle algo y así lo hice. Él es nuestro instructor de nuevos reclutas, les explica todo lo que sucede, cómo deben de comportarse aquí, los protege y como un extra cuida de todos aquí. 

Él fue el mejor amigo de Louie por años. Ellos se encargaron de ilustrar a nuevos reclutas y ,aunque él seguía siendo un travieso, con el paso del tiempo amó ese trabajo. Aunque eventualmente deseó más, así que el día que decidí que era tiempo de llevarlo a su labor principal ninguno de los dos se puso triste. En cambio corrieron, jugaron, comieron y como consecuencia se quedaron dormidos juntos y ninguno realizó nada ese día. Nunca sería capaz de enojarme con ellos por simplezas de ese tipo, porque sé que ellos vinieron a la tierra para ser felices.

V

Bueno, platicaré de un caso especial, su nombre era Nicole, mujer que no deseaba ser ama de casa y que era demasiado sentimental para caer en lindas palabras y suaves regalos. Louie me contaba que ella siempre le daba de comer, él iba a su balcón cada semana y ella lo recibía con algún bocadillo y un poco de agua. Ella se quedaba con él por largas horas, le daba masajes cabezales y él durante años vio cómo llegaban hombres, algunos con aromas agrios y otros con aromas dulces pero falsos.

Siempre pensé que él tenía una fijación un poco extraña con ella, pero luego supe que aunque ella fuera fuerte de carácter, los sentimientos en su corazón se desbordaban. Ella estudió una prestigiosa carrera, pero entre más subía de puesto, los hombres se alejaban más de ella. Y no me digo que huyeran, sino que la trataban de manipular. ¿Se imaginan controlar a una persona que podría tener el mundo en sus manos, una persona que podría llegar a fundar su propia compañía sin problemas? Sin embargo ella se mantenía en un estatus simple.

Louie me contaba de ella. Cuando regresaba de verla me platicaba de los grandes ratos que se la pasaba jugando con ella, de las personas que iban a su departamento, familiares que la hacían sentir menos, que la criticaban por cada chico con el que salía. Pero lo que mas me impresionó fue que cada semana él intentaba amarrar un hilo en su dedo pero éste no se mantenía. Ella no podía ver cómo aquel hilo rojo que se había amarrado fuertemente, se deslizaba con la ligereza de una pluma hacia el suelo. 

Se intentó de todo: amarrar a un hombre primero y después a ella, tratar de enredarlo en su mano, en algún pie. Llegó a tal desesperación que una noche decidió envolverla casi totalmente, pero al despertar ella, todo el hilacho quedó disperso en el suelo. Intentó de todo, con hombres y mujeres de diferentes edades, pero cada vez era mas inútil.

Un día él me preguntó:

—¿Por qué una persona no podía ser atada a otra?

—Es muy raro, pero si es así, tal vez no has encontrado a la persona correcta —le contesté inclinándome para ponerme a su nivel.

—Pero lo he intentado con demasiadas personas, he viajado grandes extensiones de tierra y no logro emparejarla —me contestó tristemente—. Además ella ya casi está en la edad de perecer y por más de 40 años no he podido hacer nada. Me siento inútil, me siento vacío e impotente —replicó mientras el suelo se humedecía con dos lágrimas que salieron de él.

Suspiré y le sequé sus pequeños ojos.

—Tal vez no hay nadie para ella. Sería muy raro pero si dices eso, podrías buscarla nuevamente si es que su alma se recicla.

—¿Y si no la reconozco? —preguntó.

—Sé que lo harás. Hay personas que nunca olvidas aunque cambien de caparazón carnal —le contesté y con un pequeño suspiro sonrió nuevamente.

—Creo que tengo una pequeña idea —contestó y se fue corriendo como lo hacen ellos de cachorros, saltando con una alegría particular.

VI

Sé que será muy raro para el próximo que venga a leer mis palabras pero debe preocuparse, todo irá bien. Louie solo tuvo problemas con Nicole porque él reunió a parejas que no se veían durante años, hizo que varias tuvieran la esperanza de comenzar de nuevo. Logró matrimonios, de igual manera logró que varios divorcios solo fueran para mejorar, parejas de hombres y mujeres fueron felices adoptando o viviendo una vida sin hijos. Para él nunca existieron los prejuicios, le encantaba tener un trabajo y era feliz viendo cómo las personas podían encontrar la misma felicidad que él al verlos y escuchar todas las historias que reunió, tomando en cuenta que ellos juzgan a veces en silencio.

Yo no entiendo por qué estoy aquí ni a donde iré después, pero agradezco ser parte de algo más grande. A grandes rasgos creo que divago mucho en este reporte porque mi intención, aparte de contarte y pedirte personalmente que cuides a Louie, es que tengas un panorama mucho mayor de lo que eres y de lo que ellos son.

Espero que lo disfrutes tanto como yo lo hice. En esta parte de una nueva vida, aunque no tengas órganos humanos, los sentimientos son grandes. Claro, tiene su lado triste ya que eso de vagar por el mundo recolectando almas perdidas a veces no es divertido, pero cuando platicas con ellas es muy interesante. A las almas más rotas les puedes dar un tour por el taller y te aseguro que saldrán con una sonrisa y más al saber que seres tan lindos y esponjosos son los que hacen algunos sueños realidad.

VII

Max caminaba como cada noche por los pasillos hasta llegar a la oficina principal. Louie leía unas hojas que se encontraban en el escritorio.

—¿Dónde está el jefe? —preguntó confuso.

—Se fue hace unos momentos —respondió Louie con una pequeña sonrisa que mostraba sutilmente sus colmillos felinos—. —Creo que ya había pasado su tiempo.

Max suspiró y preguntó nuevamente :

—¿Lograste hacer lo que tenías pensado?

—¡Claro! Llegué justo a tiempo. Créeme, amigo mío, es muy interesante lo que puedes encontrar en la biblioteca, si lees lo suficiente —aclaró Louie mientras de un brinco bajaba y se reunía con Max. 

—Así que mientras añoro que el hilo que enredé esta noche no se desvanezca —volvió a decir Louie. 

—Entonces eso quiere decir que tu amiga falleció —dijo Max.

––Exacto, ella falleció sola en el hospital de Bremen —suspiró y continuó—, pero ella pudo verme en la ventana, mientras estaba en su cama, llena de arrugas. Solo me dedico una alegre sonrisa y se desvaneció su espíritu.

—¿Pero… quién la fue a recoger? Si el jefe ya no estaba —replicó Max. 

—Eso, amigo, ni yo lo sé, ni creo que se pueda encontrar en los libros.

Louie saltó al lomo de Max y juntos emprendieron camino hacia el taller, donde cientos de gatos preparaban grandes carretes de hilo para salir esa noche.

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