El cuento en cuarentena

El cuento en cuarentena | La visita

Por Felipe Cabello Zúñiga

Parece que el mañana nunca llegará; han pasado el lunes, martes, miércoles, abril o mayo y yo, como siempre, estoy esperando en la mesa de la esquina. Mi vida, limitada, caduca y reducida de por sí, frente a estas cuatro paredes se ha vuelto mi cárcel, sin contar la perpetuidad que vivo en mi encierro mental después de esa lamentable muerte.

Dicen que hay dos tipos de muerte, la física y la del olvido, ya no sé cuál sufro más. ¿Será acaso que estoy muerto en vida? Ya mis amigos más cercanos han partido sin voltear atrás a un mejor lugar, por eso a veces cometo un homicidio al no tomar mis pastillas: he matado con toda la intención, pero al final, como muertos vivientes, me vienen a perseguir en mis recuerdos.  Mi memoria no deja de funcionar y me estremece de pies a cabeza.

Justo cuando pensé que todos ya habían fallecido y por eso no me visitaban, o yo estaba muerto y no lo sabía, un pensamiento perturbó mi mente, regresé a la habitación y me dije «ya no puedo seguir así, esto no es vida, ya no sé en qué día vivo, esta soledad me está rematando… pero he decidido, ya basta de ser Sísifo en la caverna de Platón». Decidí ir por las pastillas más peligrosas que tengo en el botiquín, pero ninguna funcionaba.

Los recuerdos me vuelven a invadir, esto es una muerte lenta en vida. Antes para mí eran benditas las noches en  que me  arropabas con tus besos, los días no estaban perdidos, pero ahora son malditos y malditas las noches que me quemas con tu ausencia. Antes de seguir en ese suicidio mental, alguien toca a mi puerta y me saca del trance en el que estaba.

Espero sea la visita que he estado esperando por tanto tiempo. Ahora no puedo pararme para abrir, no lo entiendo, hace un momento estaba como si nada, pero ahora mi cuerpo no responde. Tengo que abrir, debe ser ella. «Ahí voy», siguen tocando y yo sigo en el mismo rincón, solo puedo escuchar cómo unas zapatillas empiezan a alejarse: mi energía disminuye, se apaga.

De repente escucho que alguien regresa a mi puerta, pero ahora son varios, qué raro. Intentan forzar mi puerta, se escuchan voces conocidas, «¿Quién será?». Logran abrir, les pregunto qué quieren, pero no responden, van al cuarto del fondo, y cuando llega la ambulancia, todo se apaga.

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