El cuento en cuarentena

El cuento en cuarentena | Una buena amiga

Por Piero Ramos Rasmussen

Bajé de la alacena arrastrando las patitas muy despacio para no interrumpir la lectura que hacía mi dueño en la mesa de la cocina. Allí se pasaba la madrugada desde que empezó la cuarentena. En esta casa vivimos solamente los dos. Mi dueño sabe que existo porque hemos cruzado miradas antes, cuando había más gente por aquí. Luego vinieron los hombres de blanco y los obligaron a salir de la casa, a todos, menos a mi dueño.

Solo come una vez al día y lo hace leyendo de madrugada. Creo que odia lo que le dan y solo traga cuando no le queda de otra. A veces tose sangre en el plato… Por mi parte, la basura es lo mío. Una vez me vio encima de unos frijoles, me miró y solo se fue. No ha pretendido quitarme la vida (le bastarían un par de pisotones) y yo lo admiro aunque ignora que siempre lo escucho emocionada, cuando se sienta a comer y a leer en voz alta los relatos de un tal «Kafka» que lo emocionan hasta el llanto. 

En cuanto se ensimismó en una lectura larga, merecedora de un silencio sepulcral, me lancé sobre su plato. Fue allí cuando, desde mi privilegiada posición, pude ver dos intrusas en el piso: una araña ya muerta y una cucaracha moviendo furiosamente las patitas, tumbada sobre su exoesqueleto, envuelta por la seda de su infortunada cazadora. 

Si la bicha me hubiera pedido ayuda, yo la habría liberado con todo el corazón, pero se balanceaba inútil y grosera, maldiciendo en alguna lengua antigua y oscura de las cucarachas.  Ante mis ojos, pude ver los mismos rostros de los muertos  por las pestes de otros tiempos. Por eso fui determinante. Me acerqué a su cuerpo envuelto en seda y le comí la cara. 

Mi dueño se había quedado dormido sobre la mesa, con lágrimas en las mejillas, sin comer y con el libro abierto y mojado. Trepé hasta su carita salada y me tomé toda el agua que reposaba en sus ojos. Sin padres ni novia con quien compartir su soledad, solo me tiene a mí, su buena amiga, la caníbal dispuesta a tragarse a cualquiera que se atreva a meterse con él.

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