El cuento en cuarentena | Pulso débil

Foto de Elina Krima en Pexels

[Como resultado del concurso “El cuento en cuarentena”, organizado por Palabrerías, con apoyo de las revistas Teresa MagazineTintero Blanco y Zompantle, este cuento será incluido en la antología El cuento en cuarentena, la cual podrás hallar próximamente de manera gratuita en la página de Palabrerías]

Por Brenda Morales

¿Qué vas a hacer cuando todo esto acabe? Esa es la pregunta que circula en tu mente. Ahora el tiempo transcurre de manera distinta, no ha pasado tanto; sin embargo, el encierro hace que los días sean lentos y no se sepa exactamente cuándo acaba uno y comienza otro.

Empiezas a preocuparte, al principio no te parecía tan grave, pero el aislamiento ha provocado que cambies de parecer. Sabes que tu situación no es mala: tienes casa, comida y salario, mucha gente no tiene eso, muchos morirán de hambre, morirán por no tener acceso a un servicio médico, morirán porque no pueden dejar de salir a trabajar. El primer estado entonces es de consuelo y agradecimiento. Podrás soportarlo.

Luego comienzan los síntomas, te estás predisponiendo, seguramente es la hipocondría, eres sana. No tienes nada, ¿o sí? 

No puedes concentrarte, no puedes trabajar, lees y lees noticias, ves imágenes que te dejan helada. Intentas leer un libro, ver una película: no lo logras. Das vueltas, caminas, cocinas, haces ejercicio: no pasa el tiempo.

Hablas por teléfono con tu familia y con tus amigos, aparentan normalidad, pero sabes que están preocupados, los conoces bien. Se dan ánimos a través de las pantallas, prometen verse en cuanto todo esto acabe.

La paranoia incrementa: un vecino tose, el otro le grita. Si alguien sale, aunque sea a pasear al perro o a tirar la basura, le llueven los insultos. Todos desconfían mientras las cifras aumentan sin control.

Esto está sacando lo peor de cada uno. ¿Cuándo podrás volver a salir? Te arrepientes de no haber disfrutado más tu último paseo, cómo ibas a saber. Nadie se lo esperaba, ¿o sí? Recuerdas con una extraña nostalgia cosas cotidianas que tenías hasta hace muy poco como si hubieran pasado años: la sombra de los árboles, el ruido de la fuente, el olor del pan recién horneado, la banca del parque.

La depresión, la ansiedad y el confinamiento no son una buena combinación. No sabes cómo va a terminar esto. Esperas que el daño no sea mucho, que sea reparable, y te preguntas qué vas a ser cuándo todo esto acabe.