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El cuento en cuarentena | Anormal

[Como resultado del concurso «El cuento en cuarentena», organizado por Palabrerías, con apoyo de las revistas Teresa Magazine, Tintero Blanco y Zompantle, este cuento será incluido en la antología El cuento en cuarentena, la cual podrás hallar próximamente de manera gratuita en la página de Palabrerías]

Por Alejandro Montero Cabrera

Cuando Danilo cumplió quince años ya había perfeccionado su telepatía: no solo sentía pensamientos, sino también emociones y elaboraba hipótesis precisas sobre el pasado y futuro de las personas. A los cinco años fue llevado por sus padres con un psicólogo, el cual determinó estar ante un niño superdotado. Danilo nunca estuvo de acuerdo con el profesional, pensaba que poseía una cualidad que trascendía las habilidades cognitivas humanas.

A la edad de dieciocho años, su poderosa habilidad se había vuelto su peor incapacidad, al grado de anhelar nunca haberla adquirido. El joven predecía de manera perfecta la conducta humana, pero desarrolló un cuadro depresivo y un vacío existencial. Cuando interactuaba, sabía la respuesta que obtendría de su interlocutor, se aburría sobremanera con las relaciones interpersonales, ganaba mayor comprensión de la humanidad; sin embargo, disminuía su facultad de disfrutar de actividades cotidianas y simples. Su peor experiencia consistía en sentir el sufrimiento de sus amistades, por lo cual desarrolló una fobia hacia los sentimientos y optó por alejarse de sus pocos amigos, dedicarse únicamente a sus deberes escolares y recluirse en su habitación, en la cual encontraba estabilidad leyendo.

A los veinte años se consagró a la introspección, odiaba a la humanidad y dejó de reconocer la amistad como imprescindible. A los veinticinco años sentía indiferencia hacia la vida y la muerte; decidió suicidarse arrojándose desde un precipicio en una zona despoblada de la ciudad durante la madrugada. Estaba a punto de tirarse desde una gran altura cuando, repentinamente, un iridiscente relámpago estalló en el cielo, provocando un estruendo incomparable que terminó en un impresionante silencio. Danilo corrió aterrado. Mientras avanzaba por una solitaria carretera, un misterioso objeto esférico descendió frente al joven; intentó esquivarlo horrorizado y dando tumbos. De manera inesperada, sintió en su cuerpo la transmisión de un raro mensaje cerebral: emisiones de energía neuronal distinta a la humana. El muchacho no comprendía el significado. La esfera se alejó hasta perderse entre las nubes. Danilo quedó perplejo al entender el mensaje: «Soy tú».

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