Columna | Semillas de Pitaya

Semillas de Pitaya | El amor es de colores

Nueva literatura mexicana

Por Luis Olaf del Lago

Los personajes que vamos conociendo a lo largo de la vida algunas veces llegan a ser buenos amigos. Con algunos viajamos al espacio o luchamos contra gigantes y en algunas ocasiones la soledad es menor, si alcanzamos a sentirlos más cerca de nuestra realidad. En mi caso, El Vampiro de la Colonia Roma, de Luis Zapata, me presentó por primera vez un personaje literario homosexual que vivía en la misma ciudad que yo, recorría las mismas calles y hablaba muy parecido a muchas personas que me rodeaban. Aunque ustedes no lo crean encontrar un personaje así me hizo sentir menos solo en el mundo, no porque yo quisiera vivir en el mismo mundo que él, sino porque al menos sabía que en la literatura también había presencias que hablaban de mis gustos, en espacios que recorría muy seguido. Y sí, había leído ya un poco a Wilde y a Lorca, pero el sentimiento de soledad en un adolescente no heterosexual siempre es profundo. Conocer los pasos de Adonis, personaje principal de El vampiro de la colonia roma, me hizo descubrir una voz en la ciudad que me contaba encuentros clandestinos y aventuras sexuales. Adonis fue quizá el primer amigo literario que me acompañó en el descubrimiento de mi sexualidad. 

En los últimos meses me ha sorprendido la gran cantidad de literatura LGBT+ que están consumiendo las nuevas generaciones. O por lo menos la apuesta de varias editoriales parece ser la explotación de este tipo de temas. Dichos textos vienen en su mayoría de nuestros vecinos del norte y aunque son muy fáciles de conseguir por la red, creo que siguen siendo personajes un poco alejados de las realidades de los jóvenes que se descubren parte de las comunidades LGBT+ en México. 

Hoy en “Semillas de pitaya”, les quiero platicar de dos obras que me hicieron recordar al adolescente que alguna vez fui y los problemas que llegué a tener en el amor. El mundo gay puede llegar a ser muy cruel. Sin embargo, creo que los problemas de la comunidad van cambiando con las generaciones. El VIH, por ejemplo, se entiende desde otro lugar hoy en día.  Obras como Salón de Belleza (1994), de Mario Bellatin, nos hablan de una mirada desde la que el virus equivalía a una sentencia de muerte. Aunque algunos problemas cambian, otros permanecen, la discriminación y la homofobia siguen pesando sobre todo aquello que salga de la norma de las relaciones heterosexuales. En este panorama nacen dos obras mexicanas que me parecen dignas de mencionarse, no solamente por los temas que tocan, sino porque en gran medida van dirigidas a un público juvenil, Tonto en el amor (2019), de Axel E. C. Ruelas, y Bell: la vida es puro cuento (2020), de P. S. Brandon. Ambas son novelas de autores tapatíos que tratan, desde puntos de vista bastante esperanzadores, las relaciones amorosas dentro de la comunidad LGBT+. 

Tonto en el amor me presentó a Lalo. Lalo, como muchos de nosotros, se ilusionó con una cita de Tinder que no resultó como él pensaba. Pude compartir su enojo y frustración por esa amarga experiencia de la mala cita salida de una app. Le conté que yo también había tenido muchas citas fallidas de Tinder, pero que en una de esas encontré a mi novio. Lalo me siguió contando que después, en un inesperado encuentro con su crush del gimnasio, empezó a salir con él. Lo que pasa después lo dejaré en suspenso para que vayan a encontrar a Lalo en la novela de Axel. En ella podrán encontrar varias situaciones que los harán preguntarse qué tan tontos o tontas han sido en el amor, porque al final este libro nos habla a todos desde la entrañable voz de un personaje que descubre poco a poco su seguridad en las relaciones sentimentales. Podrán acompañar a ese chico que tropieza varias veces con sus expectativas sentimentales, pero que sigue confiando en la luz que encierra un beso. 

Cuando conocí a Bell me sentí muy diferente. Bell, a diferencia de Lalo, es un chico muy seguro de sí mismo. Su color preferido es el rojo y es algo que lo define a lo largo de la novela de P. S. Brandon. Los personajes de Bell: la vida es puro cuento nos hablan desde el marco del cuento erótico. Atrevidos y desprotegidos al mismo tiempo se nos van presentando uno a uno como en una suerte de baraja, entre el rojo, el negro y el blanco, los colores que definen a la novela de Brandon. Al menos a mí, me parecieron ese tipo de personajes con los que me hubiera gustado platicar en mis momentos de inseguridad, cuando no sabía cómo acercarme a alguien que me gustaba. La estructura que P. S. Brandon construye en esta novela, fragmentada en pequeñas unidades narrativas, apuesta por la multiplicidad de focalizaciones. Así, escuchamos las voces de los y las amantes de Bell, la voz de sus amigos y de su familia, lo cual enriquece la complejidad del relato y la imagen que cada uno de nosotros se va haciendo del personaje principal. Un rasgo importante de esta obra es que es de las pocas, si no es que la única, que he leído últimamente donde se apuesta por una identidad bisexual dentro de la construcción de los personajes, algo que definitivamente le da un toque singular al acercamiento de las relaciones amorosas. 

En un mundo de soledades para la comunidad LGBT+, es importante que existan personajes como Bell y Lalo. Estoy seguro que nuevas generaciones lectoras serán acompañadas por personajes cada vez más diversos en el esquema del amor. Espero que ustedes algún día puedan platicar con ellos así como yo pude platicar con Adonis. Nunca voy a olvidar que ese libro de Luis Zapata me acompañó a mi primera cita con otro chico. Coincidencia o no, ese encuentro fue en Zona Rosa, donde, en la cercana ficción, Adonis se paseaba. 

1 reply »

  1. Pero qué B O N I T O se siente leer estas palabras, Luis!!! En verdad agradezco tu mención, y concuerdo contigo: este tipo de lecturas hacen que te sientas visto si eres parte de la comunidad LGBT+, como lo fue “El vampiro de la colonia roma” para ti. No puedo hablar por Brandon, pero saber que alguien más se puede sentir visto con mi trabajo, significa el mundo para mí.

    Sigue siendo tú, Luis, siempre mencionando nuevos talentos mexicanos, poetas contemporáneos, y más gente de la comunidad LGBT+.

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