El cuento en cuarentena | Te quiero

Foto de Suleman Mukhtar en Pexels

Por María de los Ángeles Gutiérrez Barajas

Hola, me presento, me llamo Alex, solo les diré mi primer nombre, tengo 17 años, soy un estudiante de bachillerato, vivo solo en un apartamento, soy alto, mido 1.80, tengo tez morena clara con el cabello negro y lacio, un poco largo debo de añadir, de gustos que las personas podrían considerar poco comunes.

Soy un estudiante promedio, no saco muchos dieces, pero tampoco soy un pésimo estudiante, sé cocinar, al menos lo suficiente para poder sobrevivir yo solo, tengo un trabajo de medio tiempo ayudando a un ingeniero, me tomó como su aprendiz y ya tengo los conocimientos suficientes como para poder ayudarlo, por lo que esto ya me genera ganancias, bastante buenas de hecho, esta actividad la realizo durante las tardes, siendo que voy al bachillerato durante la mañana, estudio tronco común por lo que las tareas y de más actividades no son muy complejas, además de haber desarrollado ciertas habilidades lógicas y matemáticas con lo que he aprendido con mi maestro, él se llama Sebastián, es muy guapo realmente, bastante varonil debo admitir, cabe señalar que soy gay, así es, aunque no lo demuestro mucho, soy como cualquier chico normal, así también, debo admitir que me gusta Sebastián, mas nunca se lo he dicho o he hecho algo para tratar de “enamorarlo”, yo no sé coquetear o estar meneando mis caderas, ya que sí, soy esbelto, pero tengo el abdomen un poco marcado, aunque no puedo decir que soy atractivo, solo soy un chico normal que gusta de la tranquilidad. 

Mis gustos en cuanto a música y demás cosas también podrían considerarse algo raro ya que en donde me encuentro no es muy común que gusten del tipo de géneros que suelo disfrutar, mis gustos musicales solo se basan en rock y metal, así como sus subgéneros, también las instrumentales, sé tocar la guitarra, al menos lo suficiente para tocar de manera decente, no me gustan los colores chillones, no me agrada la luz, me lastima, uso lentes, tengo miopía y astigmatismo, no estoy muy ciego, mas sí los necesito, me gusta el anime, en especial los géneros shonen (acción) y gore (es decir géneros un tanto sangrientos solo por ponerlo así), sin embargo también veo géneros como echi (animes con un poco de comedia, acompañado de insinuaciones sexuales o bien desnudos parciales), algo de shoujo (romance) aunque de estos veo poco, de terror, suspenso, psicológico y claro no puede faltar el yaoi (romance entre chicos), no me considero fundashi (es una denominación para los chicos que les gusta el yaoi), sin embargo no negaré que me gusta verlo. Dentro de lo que cabe también me gusta leer todo lo que me parezca interesante con una buena historia, tanto libros, como mangas (historietas japonesas), tal vez revistas de divulgación científica que más bien me brindan información útil, me gusta el conocimiento y las computadoras.  

Mi día comienza muy temprano, me levanto a las 5:00 de la mañana, me ducho y plancho mi uniforme, me gusta ir presentable a la escuela, así fue como me educaron, me cambio y peino, hago mi desayuno, como, hago mi lonche  y me lavo los dientes, reviso que no me falte nada en la mochila y salgo de mi casa exactamente a las 6:30 de la mañana, monto mi bicicleta y tardo aproximadamente quince minutos en llegar a la escuela, siempre llego alrededor de las 6:50 a mi aula por lo que es tiempo suficiente para acomodarme en mi pupitre y sacar los útiles pertinentes para la clase que me vaya a tocar, mientras veo llegar a mis dos amigos, Fernando y Lisandro, ellos siempre me dan los buenos días, mientras que Fernando se sienta delante de mí, él es más bajito que yo, mide 1.72, de cabello ondulado y castaño, un poco largo y tez más clara, tiene el cuerpo marcado y es un poco desaliñado pero un buen chico, y Lisandro atrás de mí, él es el más alto de la clase, mide 1.99, es serio y muy cuidadoso con su apariencia tiene el cabello corto y negro, su tez es morena clara igual a la mía, muy tranquilo, sin embargo no tolera abusos hacía él y otras personas, sin duda una persona muy respetable, charlamos un poco y por fin vemos llegar a nuestra pequeña amiga Darla, mide 1.65, tiene el cabello largo y un poco ondulado, es muy cuidadosa con su uniforme y con su apariencia también, es muy limpia y organizada, de tez blanca, para nosotros tres es muy pequeña por lo que ella se sienta delante de Fernando, los cuatro somos muy unidos, ellos saben que soy gay y no les molesta, incluso ellos comparten ciertos gustos conmigo, Lisandro comparte mis gustos musicales y mi gusto por el basquetbol (cosa que olvide mencionarles), Fernando mis gustos por el anime y por la cultura japonesa, mientras que Darla es una fujoshi (es el término utilizado para las mujeres que les gusta el yaoi), ella se considera fujoshi por completo, es una pervertida, pero muy graciosa, amable e inteligente, me gusta estar mucho con mis amigos. 

Las clases con ellos transcurren de manera tranquila siempre, son muy callados y ordenados cuando se trata de las clases, por lo que ninguno tiene problema, sin embargo siempre surgen dudas a lo largo de la clase por lo que solemos ayudarnos entre nosotros cuando algo así ocurre. El día avanza con normalidad, una vez llegando el receso nos sentamos en un lugar un poco apartado, si algo compartimos los cuatro es que odiamos el bullicio y los tumultos de personas de forma innecesaria, por lo que tenemos nuestro lugar en una mesa en la que justo cabemos los cuatro, comemos de manera tranquila y preguntando dudas acerca de las clases entre nosotros hasta que terminamos de comer y finalmente nos ponemos a conversar de cosas, bien trascendentes o intrascendentes, pero siempre caemos en la misma charla, la situación que tengo con Sebastián. 

-. Vamos ¿Cuándo le dirás que te gusta? – Dijo Darla. 

-. Aun no lo sé, tal vez nunca se lo diga. 

-. Es un desperdicio, los dos serian una muy linda pareja.

-. Tal vez no sea su tipo, no todos son gay Darla. 

-. ¡Oh! Vamos Alex eres un buen partido, ¿No lo creen chicos?

Intervino Lisandro.

-. ¡Claro! Vamos amigo, no pierdes nada con intentar, si no decirle, al menos coquetear un poco, tu sabes, muestra un poco de interés por él.

-. No se me da eso de coquetear, si se da, se dará, no hay por que apresurarlo, además él tiene 26 años. 

-. Vamos. – Dijo Fernando haciendo un ligero puchero – No es tan mayor, cumples 18 años este fin de semana. 

-. ¡Cierto!. – Dijo Darla emocionada – Por qué no solo hacemos un convivio, que sea en tu casa, hacemos una excusa de que tenemos que irnos y los dejamos solos. 

-. Oigan chicos, si estar solos funcionara algo hubiese ocurrido ya, estoy solo con él en su casa, él tiene su estudio ahí y vive solo, por lo que siempre estamos solos. 

-. Pero no es lo mismo. -Dijo Lisandro – . Estas ahí por trabajo y tú siempre eres muy serio con respecto a eso, te conozco, eres muy responsable y no dejarías que el que te guste Sebastián nublara tu cabeza. 

-. Lisandro tiene razón. – Intervino Darla – . Anda vamos Alex, di que sí.  – Me lo dijo con una cara demasiado tierna. –

-. Muy bien. – Por fin acepte – . Lo haremos. 

-. ¡Lo logramos! – Gritaron todos al unísono -.

Finalmente terminó el receso y volvimos a nuestra clase, todo fue de manera muy normal como siempre, hasta que terminaron las clases, mientras terminaba de anotar mis deberes de la última clase y ordenar mi “agenda” que no era más que una lista de mis tareas escolares en lo que cabía el trabajo que tenía con Sebastián, un chico llamado Aenas, el segundo chico más alto de la clase mide 1.95, es serio y centrado aunque muchas de las chicas con las que ha salido dicen que no parece tener interés en las chicas, aunque él es muy atractivo y popular entre ellas, tiene la cara cuadrada ojos verdes y su cabello es ligeramente largo y lacio, su cabello negro, su nariz fina y labios suficientemente carnosos y rojizos, deportista, con una voz gruesa y seductora agregando que es un genio en clases, el chico perfecto para todas las chicas de la escuela, ese chico vino a hablarme. 

-. Hola, Alex  probablemente no lo recuerdes, pero me prestaste un lapicero hace unos días, sin embargo lo perdí y me costó un poco encontrar el mismo tipo de lapicero que me habías prestado, aquí está. 

-. No te hubieras preocupado por eso, sí, tienes razón, no me acordaba, pero no era necesidad que me devolvieras el lapicero. 

-. Sería muy irresponsable de mi parte haber hecho eso. 

-. No le tomes importancia, quédate el lapicero, no importa. 

-. Pero te lo estoy dando. 

-. No hace falta tengo un paquete en casa, tómalo como un regalo. 

-. ¿Un regalo que yo pagué?

-. Raro sí, pero nada pasará. 

Le guiñe un ojo y vi la hora, me apresuré a guardar mis útiles. 

-. Bien Aenas me tengo que ir, llegaré tarde a mi trabajo, nos vemos. 

-. Adiós. 

Salí rápido y escuche como Darla me decía suerte desde lejos, sonreí ante los deseos de ella y corrí. Monté mi bicicleta y pedalee lo más rápido que dieron mis piernas, llegue a casa en cinco minutos, metí mi uniforme a la lavadora, busque ropa y me metí a bañar, salí rápido, me vestí, hice mi comida y comí, lave los trastes del desayuno, el recipiente de mí lonche y los trastes de la comida, me lave los dientes, revise la mochila que llevo al trabajo y tendí mi uniforme, mi trabajo es a las 3:15, no tuve opción y tome un taxi, llegué justo a la hora. 

-. ¿Qué paso? Siempre eres muy puntual. 

-. Disculpa Sebastián me entretuve con un chico de la escuela. 

-. Bien, ahí está la lista de lo que tienes que hacer hoy, ve al trabajo. 

Sebastián mide exactamente lo de Lisandro, tiene la piel solo un poco más bronceada que la mía, tiene un cuerpo trabajado, su rostro es cuadrado y a la vez ligeramente fino, tiene el cabello de un negro intenso los ojos color miel claros y de un aspecto sereno, a la vez serio, con una voz incluso más seductora que la de Aenas y perfectamente gruesa. A él lo conocí en una cafetería hace dos años, mientras pensaba en cómo pagar la renta del lugar donde estaba viviendo, yo solo tenía para pagar un café y esa sería mi comida del día, pero el extrañamente  se sentó a mi lado y me dijo “¿Solo eso?, ¿No tienes dinero acaso?”, cuando solo negué con la cabeza él me dijo “Bien niño, yo invito” mientras me brindaba una hermosa sonrisa, cuando él se enteró de mi situación pagó mi renta de ese mes y me hizo su aprendiz, para finalmente decirme “Tienes que pagármelo algún día, lo gratis siempre sale caro niño ” actualmente ya le pague la renta, incluso otros gastos como luz, agua, entre otros que en su momento no pude pagar, he pagado todo lo que me prestó.

Mi lugar de trabajo es un escritorio atrás del de él con una máquina muy potente, siempre me deja en una lista lo que tengo que hacer, si algo no entiendo o simplemente no se hacerlo me lo explica y veo como lo hace, después me dice “Bien, ve y hazlo tú, yo no haré tu trabajo”, esas son siempre sus palabras cada vez que me enseña algo nuevo. Hice todo lo que me pidió sin problemas.

-. Sebastián terminé con mis tareas del día de hoy 

-. Ya veo, aún falta media hora para que se acabe tu turno, yo también he terminado ya.

-. ¿Podrías dejarme salir antes?

-. ¿Tienes que hacer algo importante?

-. No realmente

-. Entonces no. 

Siempre era así, siempre que me quedaban quince, diez o incluso cinco minutos para terminar mi turno se negaba a dejarme ir hasta que no acabase mi turno. 

-. ¿Qué tal la escuela Alex?

-. Normal, nada fuera de lo común. 

-. ¿Por qué te entretuviste con un chico hoy? 

Él nunca me preguntaba nada de la escuela o algo por el estilo, solo se va a su cuarto y dice “Voy a dormir”. 

-. Me pidió una lapicera prestada hace unos días, pero no suelo recordar ese tipo de cosas.

-. Ajá ¿Y?

-. Me regresó hoy la lapicera, me dijo que había perdido la mía, así que estaba buscando la lapicera que me había pedido prestada en tiendas y la compró, para devolvérmela hoy. 

-. ¿Se la aceptaste? 

-. No, le dije  algo como considérala un regalo, suena tonto ya que él la compró, pero así fue. 

-. Entiendo. – Se recargo en su silla – .Alex me gustas. No hables con otros chicos que no sean tus amigos. 

-. Sebastián ¿Qué has dicho?

-. Qué me gustas, mucho, no quiero que hables con otros chicos, que no tengan nada que ver contigo. 

-. Pero no sabes si a mí también me gustas

-. Oh, mil perdones, ¿Te gusto?

Solo me miraba fijamente, sus ojos miel son tan intensos y atrapantes que no podía dejar de mirarlos. 

-. ¿Y bien? Tienes la cara roja Alex, te gusto ¿Sí o no?

Cerrando los ojos mientras los apretaba, alce la voz y dije

-. Si me gustas Sebastián y mucho, más de lo que te puedes imaginar. 

-. ¿Quieres salir conmigo? 

-. ¿Qué?

-. Oye ¿Por qué respondes con una pregunta? Solo dime, ¿Quieres salir conmigo, sí o no? 

-. Sí, pero ¿Por qué?

-. No preguntes, solo disfruta. Me guiñó uno ojo de manera muy seductora. 

-. Vamos Sebastián, solo respóndeme.  

-. Pero si quieres una respuesta, bueno, no quiero dejar carta abierta a otros, eres mío Alex, solo mío. 

-. Eres muy posesivo. 

-. Acostúmbrate, también soy muy celoso, solo ríndete Alex, no te dejaré ir. 

-. ¿Desde cuándo?

-. ¿Desde cuándo qué?

-. ¿Desde cuándo te gusto?

-. Desde hace un año 

-. ¿Y por qué nunca me lo dijiste?

-. No sabía si yo te gustaba o no hasta hace poco. 

-. ¿Cómo te diste cuenta? 

-. Bueno hace una semana cuando te dije que me iba a ir a dormir simplemente espere un poco a que te fueras, siempre lo hacía para evitar decirte algo, pero quería asegurarme que estuvieras aquí hasta que acabaras tu turno, nunca lo había hecho hasta ese día, pero abrí un poco la puerta, para poder ver. 

-. ¿Y entonces? 

-. Te escuche decir, “nunca le podré gustar como a mí  me gusta” y justo cuando terminaste de decir eso te fijaste en la hora, viste que había terminado tu turno y te fuiste. 

-. Me siento avergonzado. 

-. Estas rojo Alex. Sé que tu cumpleaños es este fin de semana, ¿Quieres tener una cita conmigo? 

-. ¡Sí!

En ese instante Sebastián se levantó de su silla se acercó lentamente a mí, mientras lo veía anonadado, en ese momento era completamente suyo, mientras contemplaba su trabajada figura, ese rostro que siempre quise tocar, mientras se acercaba a mí imaginaba el olor de su perfume, como sería estar entre sus brazos cuando me abrazase, sin darme cuenta ya estaba enfrente de mí, se inclinó hasta quedar a la altura de mis ojos, se acercó hacía mi oído y me dijo 

-. Eres mío Alex, nunca lo olvides.  

De una forma tan seductora, su voz recorrió hasta mi nuca, haciendo eco en todo mi cuerpo provocando que se me erizara la piel, sin darme cuenta él ya estaba enfrente de mí, a escasos centímetros de mi rostro, solo faltaba muy poco antes de que posara sus labios sobre los míos y yo decidí romper ese espacio, lo tome del rostro con mis manos mientras pose dulcemente mis labios en los suyos, en un movimiento yo ya estaba de pie de puntillas para alcanzarlo mientras él me tenía sujetado de la cintura  pegándome más a él, atrapados en besos, hasta que nos separamos por falta de aire, y solo escuche decir a Sebastián 

-. Alex, te quiero.