El cuento en cuarentena

El cuento en cuarentena | En la ventana

Por María Amaranta Garay Rodríguez

A estas alturas de la vida, Jasón ya ni siquiera piensa en lo raro que es ver por la ventana. Está casi seguro de que, a sus 25 años, la mitad de su vida ha transcurrido de esa manera, por la ventana.

El primer recuerdo que tiene de ver por un lado del cristal es cuando tenía once años. Por primera vez su familia tiene un carro propio y la emoción de moverse por este medio le hizo pegar la cara a la ventana, mientras miraba emocionado el paisaje pasar a toda velocidad frente a él. Claro, no es como si faltaran ventanas en su casa, pero esas ventanas realmente no parecían mostrar nada cuando era pequeño.

Siempre le ha gustado imaginar historias, inventar mundos fantásticos y pensar que él tiene relevancia en dichos lugares, que es necesario. Así que sí, las ventanas le dan libertad para poder imaginar, soñar, reír, llorar, gritar y muchas cosas más.

Pensar en ventanas en épocas de calor no era malo, normalmente su vida estaba llena de viajes que recuerda con cariño y, si bien cuando era pequeño se quedaba dormido, pronto eso cambió. Disfrutaba de quedarse despierto todo lo posible y admirar el paisaje, con su música favorita sonando en el fondo. Así podía sentirse completo. Nunca se sintió encerrado al viajar, en realidad, era casi como esos trailers de películas, creando expectativas antes de que se estrenara.

Claro, al final eso podía no hacer justicia, pero era un riesgo que disfrutaba cuando tenía unos años menos que ahora. Adentrarse por el paisaje, fuera el lugar al que iban emocionante o no. Tal vez podría acabar decepcionado, pero al final, de una manera u otra, todo terminaba bien.

Aun así, ni las vacaciones, ni la lluvia, o su primer paseo en coche podía compararse a subir al camión y dejarse llevar. Ver por la ventana del camión en realidad cambiaba la perspectiva de la gente, o mínimo la suya. Sentía que tenía cierta independencia, la altura en realidad le da una nueva visión de las cosas, es más fácil notar las cosas buenas y las malas de la ciudad. Si algo podía presumir Jasón, era lo mucho que viajaba en camión de un extremo de la ciudad al otro, solo por el placer de hacerlo.

Muchas veces, cuando iba en camión era cuando más libertad tenía de soñar, de imaginar vidas diferentes o secretas, no solo para él, sino también para el resto del mundo que seguía caminando o en carro. No solo eso, había momentos en los cuales no podía evitar reír de felicidad y la gente lo miraba susurrando. Pero a él no le importaba, porque había visto, gracias al cristal que lo separaba de otros, a un señor ayudando a una mujer, a una chica reír al hablar por teléfono, a dos hombres caminar de la mano con seguridad, y Jasón sentía que compartía un secreto con el mundo, que este le murmuraba algo así como “La gente aún puede ser feliz, aún hay cosas buenas” y le encantaba saber que él podía ser testigo de ello.

En realidad, disfruta pensar que, después de todos estos años, controla mejor sus emociones y sueños, ya no es ese niño que veía la lluvia caer por el cristal e imaginaba que las gotas de agua hacían una carrera, o que las gotas de lluvia cayendo a la calle eran pequeños soldados marchando para defender su honor. Pero hay veces en que no puede ni quiere evitar ser un niño de nuevo; no siempre, pero sí las veces suficientes como para acercarse a la ventana de su habitación y soplar sobre ella, esperando que se empañe y poder dibujar una carita sonriente.

Jasón creía que era lo único que odiaba de la lluvia, cómo destruía sus dibujos y los hacía tristes, pero, al mismo tiempo, él recordaba cuando iba en el camión, miraba por la ventana y veía a personas bailando debajo de la lluvia, parejas o grupos de amigos corriendo para refugiarse con sonrisas en la cara. Y entonces Jasón reía y volvía a dibujar una cara sonriendo en el cristal.

Tal vez fue ese tipo de pensamiento lo que evitó que hiciera muchas cosas malas para él mismo, saber que merecía presenciar cosas tan hermosas lo hizo feliz. Y también lo hizo increíblemente triste, porque Jasón no creía que esas cosas eran para él. Por eso siempre tenía que ver detrás de un cristal cómo los otros eran felices, porque si estuviera del otro lado de la ventana, dañaría a la gente.

Tenía pruebas sólidas de ello. Bien, no, en realidad no las tenía. Si era sincero, y pocas veces lo era en lo que respecta a sus sentimientos, sabía que toda esa idea de la ventana era algo que estaba más en su cabeza, en lo que se refiere a arruinar momentos felices, pero es más fácil creer eso que la verdad. Siempre es más fácil mentir, no significa que sea lo más sano.

De cualquier manera, no todas las cosas que pasan detrás de la dichosa ventana son buenas, aún recuerda la primera vez que enfermó gravemente y lo molesto que estaba, no podía saludar ni tocar a nadie y para alguien tan táctil como el, eso es cruel, pero tampoco podía estar fuera, porque si estaba en lugares donde la gente se reuniera, también enfermarían y, por todo lo que Jasón era, nunca le desearía a nadie de su familia terminar enfermo también. Así que terminó encerrado en su cuarto y tenía que ver por la ventana cómo su familia seguía con su vida, y que le peguen un tiro si no le dolió. Veía a todos moverse con libertad, hacer diversas cosas y el único contacto que podía tener con ellos era por la ventana, cuando se acercaban para darle su comida. Durante el tiempo que estuvo encerrado lloró. Dos noches seguidas.

Pero también tuvo una nueva perspectiva de su vida. En realidad, aun cuando las ventanas de su casa no mostraban el exterior, también le daban el espacio para soñar, llorar, gritar, reír, y eso era más de lo que esperaba tener. Así que lo aceptó. Y pronto volvió a ser libre.

«Libre», esa palabra ahora parecía tener un significado diferente. Donde antes Jasón buscaba cualquier excusa para no salir, ahora disfrutaba de ir a las fiestas que organizaban sus amigos; si antes pensaba que nunca tenía tiempo, pronto se dio cuenta que el tiempo ya no era algo por lo que preocuparse.

Eso no significa que le gustara salir a cada oportunidad, ni que tampoco había momentos en los que disfrutaba de su tiempo a solas, simplemente… cambió su manera de hacer las cosas y se dio cuenta lo mucho que había extrañado el mundo y el resto de sus ventanas, que ahora no solo le hacían reír, llorar, soñar y gritar, sino que también le mostraban el mundo como fotos, como pinturas hechas por increíbles artistas. Después de días encerrado, todo parecía tener un nuevo color, como el heladero, rodeado por la ventana como una pintura, o esa señora vendiendo flores y que en el ángulo correcto era una foto enmarcada.

Podía decir que su vida era definida por las ventanas y lo que veía en ellas. Y estaba bien, en realidad, estaba más que bien, disfrutaba de esa vida. Supone que esa la razón por la que aún no se vuelve loco. Hasta que ya no lo hace.

No sabe cuándo sucede, supone que tiene que ver con la edad y la manía de los mayores a hacerte creer que para madurar ya no puedes jugar con las ventanas. Entonces, con el tiempo pasando, las vistas que pasan por la ventana empiezan a ser simples, aburridas, monótonas, y eso logra que Jasón quiera llorar, porque odia perder ese tipo de cosas. Pero no hay mucho que hacer y deja que el tiempo pase, después de un tiempo ya no se esfuerza ni por ver por la ventana o algo parecido, parece que, de todas formas, no importa.

De pronto sucede algo, una pequeña cosa, y vuelve a ver por la ventana antes de que baje la cabeza y muerda su labio para no reír. Porque ahí, por la ventana, ve una mochila colgando de un árbol y alguien tratando de alcanzarla, y vuelve a soñar.

Y las cosas mejoran de nuevo, como cualquier cosa en la vida, con sus altibajos. La ventana le muestra animales, gente riendo, besándose o descansando. Pero ahora también le muestra cosas malas, como peleas, gritos y corazones rotos. Pero es bueno, es un mundo de colores y eso solo lo confirma.

Ahora, de nuevo esta enfermo, después de casi 12 años de la última vez, vuelve a enfermar y de nuevo tiene que ver por la ventana a su familia. Pero está bien, no es como la primera vez que no tiene nada para pasar el rato, todavía tiene su ventana y eso es suficiente de momento. Porque sabe que cuando pueda salir de nuevo, el mundo tendrá nuevos colores.

Aunque lo admite, le preocupan los demás porque mucha gente está enferma y detrás de una ventana. Sabe que si es la primera vez, no es fácil, por eso Jasón se propone el escribir cartas y recordarles a quienes pasan por lo que él, que vuelvan a ser niños, que se asombran por todo. Y sobre todo, que ver por la ventana no es malo, porque ella siempre te va a permitir soñar, reír, llorar, y eso no es algo que te puedan quitar fácilmente.

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