Columna | Semillas de Pitaya

Semillas de Pitaya | Altar en letra

Nueva literatura mexicana

Ciudad de México, primavera, 2021

Estimado lector: 

La semana pasada leí un libro que me dejó una sensación encajada en la garganta. Te escribo para ver si tú me puedes ayudar a saber qué es ese sentimiento que fue surgiendo a medida que avanzaba en la lectura. 

Te voy a contar un poco más sobre el libro en esta carta que también es la quinta entrega de “Semillas de pitaya”. ¿Por qué una carta? Creo que es el tipo de texto que siempre logra unirnos, a ti, a mí, a lo que se cuente en la carta. Existe una magia peculiar dentro de la epístola que ni el cuento, ni la poesía tienen. Y aunque no lo veamos, las cartas son uno de los pilares de la literatura y de la literatura que nosotros mismos hacemos un poco sin darnos cuenta. Mina le escribía cartas a su amor preso en los Cárpatos. Ella no sabía que Jonathan era prisionero de un vampiro. Las esperanzas y relatos de Mina nos llenan de angustia en Drácula de Bram Stoker. Un poco sin darnos cuenta somos un acompañante de la carta en su travesía por montañas y riscos. 

Creo que mi libro favorito construido por medio de cartas es Las Relaciones peligrosas de Choderlos de Laclos. Madame de Merteuil le escribe al vizconde de Valmont, básicamente, para engañar a todos a su alrededor. En su afán por conquistar a una mujer inalcanzable el vizconde acaba enamorándose de ella, de Madame de Tourvel. Entre todo el juego de engaño y venganza el vizconde y la marquesa se llevan entre las patas a un buen número de personas. Esto lo sabemos por el intercambio epistolar entre todos los personajes de la novela. Cada carta nace de la necesidad de alguno de los personajes de comunicar un sentimiento o de contar un momento con el que nosotros vamos a reconstruir la historia como si la carta hubiese sido dirigida a nosotros. 

Pero yo te estaba contando sobre otra cosa. El libro por el que te escribo el día de hoy se llama Cartas a la primavera (2020). Estas cartas, a diferencia de las cartas escritas por Laclos o por Stoker, nacieron de una pesadilla vuelta realidad. El primer día de agosto del 2015 cinco personas fueron asesinadas en un departamento de la colonia Narvarte de la Ciudad de México. Sus nombres eran Nadia, Rubén, Alejandra, Mile y Yesenia. Estos nombres me acompañaron por un recorrido que nace del dolor y se transforma en danza, en fachada, en la mirada de un perro y en mariposa. Cartas a la primavera es un libro que recoge las cartas que Shantí Vera le escribe a su hermana Nadia Vera, una de las víctimas del multihomicidio. Las cartas de Shantí van acompañadas de fotografías de País gravedad, una puesta en escena de danza donde los cuerpos en movimiento se fijan en el presente así como las palabras de Shantí a su hermana. 

Creo que ese sentimiento, esa sensación de la que te hablaba al principio de esta carta tiene que ver con eso: este libro no tiene una estructura habitual, más bien fluye, un poco como el caudal de la memoria. El recuerdo de Nadia se vuelve presente bajo estos cuerpos en movimiento, bajo dibujos, bajo imágenes de lugares habitados por el recuerdo y bajo el honesto y directo discurso de Shantí, que grita a ratos por la injusticia y a ratos se detiene a escribirle a Nadia en versos que la transforman en puente y en mariposa. Este libro es un altar, una ofrenda a Nadia. Quizá bajo esta analogía yo pueda explicar más la gran riqueza de este trabajo. Me imagino Cartas a la primavera como una ofrenda mexicana en Día de Muertos, una ofrenda donde la muerte nos acompaña desde un abrazo multicolor, desde una luz que da calor y nos muestra un camino. Cada foto me la imagino en papel picado de colores; cada dibujo, en una fruta y cada carta, en el centro de una flama. Este libro es más que un texto para recordar, es un texto para preservar todo aquello que Nadia y su camino nos han enseñado. Este libro es un altar de amor hecho palabras. 

Sigo sin saber exactamente qué sensación me invadió cuando leí Cartas a la primavera. Si un día lo lees, espero que me cuentes qué sentiste, qué pensaste, qué recordaste. Tristemente, creo saber que hay una Nadia en la vida de muchos de nosotros. Mi Nadia también era un miembro de mi familia que desapareció y luego apareció en un penal por haber salido a marchar en una protesta pacífica. Quizá de ahí surja el nudo en la garganta al escuchar a Shantí decir: «Hermana mía, ahora que tú te encuentras en todos lados, yo te encuentro en el viento». Porque sí, Nadia, Rubén, Mile, Yesenia y Alejandra se suman a un número enorme de personas asesinadas y desaparecidas que sin estar, están en todos lados. En este país en donde se puede nunca regresar, trabajos como Cartas a la primavera nos sirven para voltear a ver la flor de la jacaranda y saber que nuestros muertos nos cuidan y enseñan a cuidarnos al recordar sus historias. 

Por hoy te dejo con eso, estimado lector. Sal en estos días de primavera a pasear por tus calles. Si llegas a ver una mariposa, detente a contemplar lo hermosa que es, en ella pueden vivir más cosas de las que te imaginas. Si te dieron ganas de buscar el libro del que te conté hoy, búscalo en las redes de la Cooperativa Editorial Heredad. Cartas a la primavera seguro es una hermosa apuesta de lectura para leer bajo un árbol antes de que caiga el verano. 

Te mando muchos abrazos en estos tiempos de pandemia, ya me contarás qué te pareció esta entrega de “Semillas de pitaya”.

Luis Olaf del Lago.

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